A continuación presentamos un breve análisis de coyuntura, que le puede servir de base a las UBBCh en la instalación de sus asambleas de cara al Congreso del PSUV.

La coyuntura actual de la revolución bolivariana

Jesús Faría

La conducción del Estado venezolano por parte de las fuerza revolucionarias, la política de soberanía nacional y la nueva geopolítica latinoamericana surgida a partir de nuestra revolución, constituyen durísimos golpes a las elites criollas y a la resquebrajada hegemonía yanqui. Para oponerse a estos cambios, la contrarrevolución activó un proceso de exacerbación cíclica de las contradicciones antagónicas que mantiene con la revolución bolivariana.

Aprovechando la conmoción anímica provocada por el fallecimiento del comandante Chávez, se reanimó el cálculo insurreccional. Después de la histórica victoria del presidente Nicolás Maduró, la contrarrevolución desató una rebelión fascistoide, derrotada en la calle por la movilización popular y la unidad cívico-militar. Posteriormente, desencadenaron una guerra económica criminal, como en el pasado contra Chávez y en otras naciones contra gobiernos antimperialista, con claros propósitos golpistas. Apuntaban a la convulsión social, en función de desconocer al gobierno electo a partir de resultados adversos en las elecciones municipales de diciembre del 2013.

Esos planes sufrieron una triple derrota. Fueron contenidos temporalmente los efectos de la guerra económica, en las elecciones municipales las fuerzas bolivarianas obtuvieron una victoria arrolladora y, finalmente, los superamos ampliamente en el plebiscito convocado fraudulentamente por la oposición.

Sin embargo, esto no fue suficiente para aplacar los ánimos golpistas de la derecha. El 12 de febrero se desató un ataque fascista expresados en focos de violencia y actos vandálicos con la consigna de “Maduro vete ya”. Se pretendió activar una escalada de protestas vinculadas a los efectos de la guerra económica: escasez y carestía. La aventura tuvo un saldo sangriento: más de 40 muertos, cientos de heridos, múltiples destrozos a infraestructura médica, educativa, del comercio…, que alcanzan a varios millardos de dólares.

El zarpazo fue atajado nuevamente por las fuerzas de la revolución, con una destacada actuación de las FANB. Las guarimbas se fueron desinflando, los sectores populares se mantuvieron leales al legado del comandante Chávez, se fortaleció el liderazgo del presidente Nicolás Maduro y la unidad del chavismo bajo su mando.

Estas victorias revolucionarias han garantizado la paz del país. Le hemos impuesto la agenda democrática del dialogo a la derecha golpista. Hemos doblegado el carácter terrorista de la oposición venezolana. Además, se ha producido una grieta profunda en el seno de la oposición con el rompimiento, al menos temporal, entre el grupo neofascista de Leopoldo López y María Machado, que aspiraban asumir las riendas de la MUD capitalizando las sucesivas derrotas sufridas por Capriles, y el resto de la oposición. Un grupo acepta la derrota y va al dialogo a regañadientas, el otro trata de oxigenarse con actos vandálicos. Las diferencias son de orden táctico, en el fondo todos coinciden con la necesidad de derrocar al gobernó de Maduro.

No obstante las derrotas de la derecha, no podemos subestimar futuras acciones contrarrevolucionarias. Detrás de ellas se encuentra el imperialismo estadounidense y la ultraderecha regional, encabezada por Álvaro Uribe, que le han brindado el mayor apoyo financiero, político y diplomático de la manera más descarada.

Este factor es especialmente importante en el marco de la mayor crisis del capitalismo a lo largo de toda su historia. Esta crisis no solo pone de manifiesto la necesidad histórica de un proyecto socialista, que entierra definitivamente la amenaza contra la vida humana, contra la estabilidad política y económica del planeta, así como la posibilidad de que los pueblos disfruten de la riqueza generada a nivel global. Además de ello, en medio de la crisis el imperialismo muestra una tendencia a la agresión, a la guerra y al expansionismo, todo lo cual reclama de nosotros los mayores esfuerzos.

A la luz de lo ocurrido en los últimos meses, se ratifica que el imperialismo nunca descansa en su afán de controlar las mayores reservas petroleras del planeta y en su obsesión de apagar el ejemplo de dignidad que irradia la revolución bolivariana en el hemisferio. Se trata del objetivo geopolítico de revertir los cambios bolivarianos en la correlación de fuerza regional.

Pese a las turbulencias, con el gobierno del presidente Maduro y el despliegue de las fuerzas revolucionarias, se le ha dado continuidad al legado del comandante Chávez. Se sigue impulsando una enorme obra social en el marco del Gobierno de Calle, lo cual constituye un enrome mérito, considerando las grandes dificultades generadas, fundamentalmente, por la guerra económica.

Se ha consolidado la unión cívico-militar, baluarte esencial de nuestra revolución. El chavismo sigue avanzando en la construcción del poder popular. En lo internacional, se siguen cultivando los lazos de amistad y solidaridad tejidos por el comandante Chávez en los procesos integracionistas, que han contribuido a proteger la revolución bolivariana frente a la agresión del imperialismo estadounidense, a construir un polo de poder antimperialista.

Finalmente, un elemento esencial: No se ha perdido de vista el socialismo como objetivo estratégico de nuestra revolución.

Entre las tareas para el futuro destaca de defensa de a revolución sobre la base de la unidad popular y el despliegue de las fuerzas revolucionarias, para frenar la arremetida imperialista expresada en los ataques fascistas, basados en el terror y odio al pueblo, apuntalados por las más infames mentiras. Debemos estar preparados ante la posible escalada terroristas de asesinatos selectivos y actos de sabotajes a sectores claves de la economía.

Asimismo, es imperiosa la estabilización de la economía, superar los actuales niveles de desabastecimiento y carestía, para retomar la senda del crecimiento económico. Entendemos que la única manera de salir de este ciclo de ataques económicos es desarrollando el aparato productivo.

Es impostergable la necesidad de elevar la eficiencia de la gestión pública, retomar el “golpe de timón” del comandante Chávez, combatiendo al burocratismo, arrinconando las corruptelas, enterrando la indolencia… Esto será esencial para seguir elevando el prestigio de nuestra revolución en el seno del pueblo, optimizar la inversión de los recursos, especialmente en el área social, avanzar en la lucha contra la inseguridad. Éxitos en estos frentes estarán profundamente condicionados por el despliegue del poder popular.

Por último, pero no menos importante, destaca el fortalecimiento del PSUV, como principal estructura política de la revolución. El Congreso de nuestro partido constituye un elemento clave para el futuro del país. El PSUV constituye el proyecto político más importante de la revolución, pues de él dependen, como de ningún otro factor, el éxito en las tareas contempladas en el legado del comandante Chávez.

 

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