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Detrás del brillo de chillones anuncios de neón, detrás de los escaparates llenos de mercancías de los almacenes, detrás de los dulces cuentos sobre la «igualdad de posibilidades» es difícil a veces discernir la auténtica faz del capitalismo y desentrañar muchas de las cuestiones que plantea la realidad misma del mundo burgués.

¿Quién es culpable de que en el mundo existan desigualdad de derechos, discriminación, injusticia social, hambre, miseria y amenaza de guerras? ¿Por qué en todos los países donde gobierna el capital es tan heterogénea la estructura social de la sociedad y son tan irreconciliables y agudas las contradicciones entre las clases?

¿Por qué al lado del lujo en que se baña un puñado de ricachones existe la interminable lucha por un pedazo de pan, que se ve obligada a sostener la mayoría de la población de los Estados capitalistas? ¿Por que unos disfrutan de deleites, tienen colecciones personales de lienzos, que podrían constituir objeto de envidia de museos públicos, cercan decenas de hectáreas para sus propios cotos de caza, mientras que otros forman colas por una escudilla de bazofia gratuita y pernoctan en las aceras cubriéndose con un periódico? ¿Por qué al lado de los barrios de lujosos hoteles familiares se encuentran tugurios de gente pobre, sin electricidad, canalización ni cañerías de agua? ¿Por qué mucha gente en el mundo del capital no tiene acceso a la instrucción ni a la asistencia médica? ¿Por qué millones de hombres y mujeres aptos para el trabajo se ven privados total o parcialmente de la posibilidad de trabajar y son lanzados a la calle? Y eso, cuando colosales medios, más que suficientes para alimentar, vestir y dar techo a todos los necesitados, se arrojan al horno de la carrera armamentista. Las contradicciones interiores del sistema capitalista engendraron gravísimas enfermedades económicas y sociales de esta sociedad, que actualmente continúan progresando. El desempleo en masa, la inflación, la creciente delincuencia, los periódicos accesos de fiebre económica, las destructoras crisis y el temor cada vez mayor ante el futuro son tan sólo algunas de estas enfermedades. Nadie se atreve ya a predecir cielo despejado al capitalismo. Quienquiera que esté en el timón del gobierno en los países capitalistas, cualquiera que sea el partido burgués que determine la atmósfera política en los parlamentos,  nadie es capaz de curar la «sociedad enferma».

El capitalismo no siempre estuvo enfermo. En la época de su juventud, después de haber sustituido al feudalismo rebosaba de ánimos y energía creadora. Al parecer, habría de llevar la libertad y el bienestar al género humano. Sin embargo, poco después empezó ya a disiparse la niebla de ilusiones. Con el correr del tiempo, el capitalismo, una vez alcanzado el punto máximo de su ascenso progresivo, empezó a frenar cada vez más el progreso humano general y vino a convertirse en sociedad en descomposición, agonizante, que avanza hacia su inminente destrucción.

Hoy, muchos pueblos construyen una sociedad nueva, socialista. Gran número de países en vías de desarrollo eligieron el camino de transformaciones socialistas. Al mismo tiempo, el capitalismo continúa llevando sufrimientos a centenares de millones de hombres en Europa y América, en Asia y África, en Australia. Cada trabajador debe saber qué es el capitalismo y por qué, después de haber desarrollado la producción en gigantescas proporciones, se convirtió en obstáculo para el progreso social.

¿Qué es el capitalismo? ¿Cuándo y cómo surgió? ¿En qué dirección se desarrolla? ¿Qué es lo que lleva a los trabajadores, a toda la humanidad? ¿Cuáles son las peculiaridades típicas del capitalismo en la fase actual de su desarrollo? En el presente libro tratamos de dar respuesta a estas preguntas.

Capítulo I      

PROCESO DE FORMACIÓN

Y ESENCIA DEL CAPITALISMO

En su desarrollo histórico, la humanidad ha recorrido un largo camino: desde la sociedad de hombres primitivos, que cazaban fieras con ayuda de la lanza y el arco, hasta nuestros días, cuando los hombres usan en su actividad satélites ultraterrestres, robots y técnica electrónica.

Desde antaño, los hombres pensaban en lo que podría prometerles el futuro. ¿Se puede prever en general el futuro? En la época de la niñez de la humanidad se trataba de adivinarlo según la disposición de los astros y planetas en el firmamento y valiéndose de otros procedimientos igualmente ingenuos. Huelga decir que semejantes «pronósticos» no podían distinguirse por una gran autenticidad.

Más tarde, los hombres comprendieron que la sociedad humana se desarrollaba con arreglo a leyes plenamente definidas. Su conocimiento no sólo permite concebir debidamente el pasado y evaluar el presente, sino también prever en cierta medida el futuro. Las mejores mentes de la humanidad empezaron a tratar de penetrar en la esencia de estas leyes. Muchos filósofos y economistas, personalidades políticas y religiosas del pasado pensaban en cómo se operaba el desarrollo histórico. En el transcurso de los últimos siglos algunos de ellos consideraban que la sociedad burguesa constituía la cima de la civilización humana y que ésta no tenía ya a dónde desarrollarse. Los otros criticaban con aspereza al capitalismo, prediciendo su destrucción. Ahora bien, ninguno de ellos pudo demostrar hasta el fin con argumentación científica su punto de vista. El gran pensador y revolucionario alemán Carlos Marx (1818-1883) dio por primera vez una respuesta multilateral y profundamente científica a la pregunta de qué

 

Comentarios

19.jun.2013 09:02 am
Diego Vergara (Táchira) dijo:

A veces la naturaleza propia del hombre en su instinto primitivo de la acumulación y de la competencia con otros seres humanos, podría llevar a algunos a justificar la fase o el rostro propio del “capital” y su necesidad de sobre vivencia en la tierra. Mas no así se justifica las muertes por hambre, la destrucción del hábitat, de los campos, de la explotación del hombre por el hombre, de la perdida de valores y de la corrupción por acumular y acumular capital, ya sea en propiedades, dinero o bienes adulados por las plusvalías de la codicia y la vanidad de las grandes élites que poseen el poder financiero y económico. Solo en una sociedad justa y humana, el capitalismo se ve avasallado y minimizado, en un modelo que lucha por ser Socialista, la batalla es feroz y cruel, se lucha contra el peor enemigo de la Revolución, el cual es el Pequeño Burgués que muchos Revolucionarios llevan adentro….

 

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