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21.ene.2016 / 08:54 am / Comentarios desactivados

Jesús Faría

Una de las tareas pendientes más importantes de la estrategia de reimpulso productivo consiste en elevar las exportaciones no petroleras. El dramático desplome de los precios petroleros ha revelado una vez más el agotamiento histórico de nuestro modelo económico rentístico, subdesarrollado y dependiente. Se crea con esta situación una dura restricción externa: falta de divisas [...]

El dramático desplome de los precios petroleros ha revelado una vez más el agotamiento histórico de nuestro modelo económico rentístico, subdesarrollado y dependiente. Se crea con esta situación una dura restricción externa: falta de divisas para dotar de bienes y servicios extranjeros a una economía adicta a las importaciones.

Para suplir parcialmente esta contingencia se impone desarrollar estrategias que nos permitan elevar sustancialmente los niveles de exportación. En el menor tiempo posible, estamos obligados a alcanzar los niveles históricos en este rubro y, posteriormente, seguir expandiéndolo.

Asimismo, se establece la necesidad histórica de iniciar un proceso de industrialización que, además de sustituir importaciones y, con ello, hacernos menos dependientes de los productos provenientes del exterior, logre diversificar las exportaciones y reducir nuestra vulnerabilidad frente a la volatilidad del mercado petrolero. Ahí están el Mercosur. PetroCaribe, el ALBA…, al alcance de nuestros productos.

Para ello, es necesario la participación de todos los actores sociales: trabajadores, Gobierno, empresarios, profesionales, intelectuales, campesinos. Será el resultado de un gran esfuerzo nacional, que redundará positivamente en el desarrollo económico y social del país, así como en la estabilidad política de la nación.

La tarea principal del gobierno consiste en derribar trabajas burocráticas y generar estímulos y confianza para el desarrollo de este sector de la economía.

¡No vamos a fallar!