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Javier Buenrostro

El próximo 16 de agosto comenzará la primera ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés), algo que prometió reiteradamente Donald Trump durante su campaña. Los expertos calculan que el proceso podría extenderse por varios meses y se espera rispidez y un intenso debate en varios puntos.

El TLCAN representa un intercambio de 2.600 millones de dólares al día y alrededor del 66% del intercambio comercial de México con el mundo. El proceso es clave para la economía mexicana y todo parece indicar que el equipo mexicano no se encuentra preparado para una defensa exitosa de los intereses nacionales, ya que mientras las agendas estadounidense y canadiense se han hecho públicas la de México se mantiene privada.

Por qué los estadounidenses deberían estar más temerosos de Canadá que de Moscú

A través de Robert Lighthizer, representante de Comercio Exterior, el gobierno de Estados Unidos dio a conocer hace un par de semanas un documento de 18 páginas que planteaba los ejes de acción con los que la administración de Donald Trump intenta reducir el déficit comercial con México que en la actualidad es de 64.000 millones de dólares. Algunos de los puntos clave para Estados Unidos giran en torno a las políticas laborales y monetarias, las cuestiones medioambientales, la propiedad intelectual, la economía y derechos digitales, los energéticos e incluso se abre un apartado sobre medidas contra la corrupción. Tal vez el punto más polémico y que causará un enfrentamiento directo con Canadá es sobre el deseo de eliminar el artículo 19 que dirime las disputas en los casos de competencia desleal en paneles de arbitraje conformados por especialistas internacionales.

Para el exprimer ministro canadiense Brian Mulroney, cuyo gobierno diseñó y firmó las primeras etapas del TLCAN antes de su entrada en vigor en 1994, la problemática actual en el área radica en la transformación de una economía industrial a una tecnológica. Mulroney ha dado un respaldo total al primer ministro Justin Trudeau para que mantenga una posición firme en la renegociación y ha dicho que los estadounidenses deberían estar más temerosos de Canadá que de Moscú. El gobierno canadiense tiene como uno de sus principales objetivos mantener el artículo 19, mismo que ellos lograron introducir en la versión de 1994 del TLCAN. Si el gobierno de Trump decide eliminar los mecanismos internacionales actuales para solución de controversias y trata de sustituirlo por órganos y juzgados nacionales, es casi seguro que Ottawa abandonará inmediatamente las mesas de negociación.

La secreta agenda de México

El caso de México es el más oscuro y titubeante. A diferencia de las otras agendas que son públicas, la mexicana permanece en secreto, lo cual sugiere que no tomará la iniciativa sino su posición será principalmente reactiva a las propuestas de Estados Unidos. México debería llevar su propia agenda y ponerla sobre la mesa. La soberanía energética y alimentaria deben ser asuntos de primer orden, vistos como parte de la seguridad nacional y en ese contexto legislar sobre la materia. Si existe un libre comercio de mercancías y de inversiones, también se debe poner en la palestra las cuestiones de movilidad laboral y el respeto a los derechos humanos de los migrantes.

La minería canadiense está provocando desastres ecológicos a lo largo y ancho del territorio mexicano sin respetar protocolos medioambientales en complicidad con las autoridades locales.

Igualmente, Canadá y México deberían presionar para que Estados Unidos reingrese al Acuerdo de París y respete los lineamientos medioambientales internacionales, ya que de no hacerlo sus empresas practicarían de facto una competencia desleal hacia sus contrapartes al tener que cumplir con requerimientos y exigencias menores.

En medio del panorama de incertidumbre que se avecina en los próximos meses podrían desprenderse cosas positivas para el escenario mexicano. Las propuestas que surjan en materia de transparencia y anticorrupción pueden acelerar un proceso que en México carece de credibilidad y estructuras que permitan sancionar a los involucrados. El establecimiento de paneles de arbitraje internacional (como es el caso de las disputas comerciales) puede disminuir la corrupción e impunidad que caracteriza a muchos funcionarios. Por otra parte, la visión que tiene Estados Unidos sobre competencia desleal basada en la reducción de la protección al trabajo en México podría significar mejoras salariales y una mayor vigilancia de los derechos laborales a menudo ignorados por las autoridades mexicanas.

México y Estados Unidos se encuentran en posiciones asimétricas y así es difícil negociar.

Doblemente difícil con la retórica antimexicana de Trump. ¿Cómo hacerlo entonces? La coyuntura sugiere una huida hacia adelante.

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) puede servir como una alternativa en caso de una cerrazón o un abuso en las negociaciones por parte de la administración de Trump.

China, India, Japón y Corea como líderes del Pacífico y la presencia de México en la zona con mayor intercambio comercial en el mundo sugieren opciones en el mediano plazo.

Reportes de la Secretaría de Economía y el INEGI señalan que el porcentaje del crecimiento anual 2005-2012 para América del Norte se mantuvo en niveles de 8.3%, mientras que para la región de Asia fue de 24.2%. La unipolaridad que duró dos décadas ha dado paso a la conformación de distintos nodos a lo largo y a lo ancho del planeta y existen otras opciones en el mapa en caso de que la administración de Trump busque una subordinación incondicional y no un proyecto asociativo entre países vecinos. Pero, como lo han manifestado muchos expertos, esta renegociación del TLCAN transita más por cuestiones políticas que por los entresijos técnicos y comerciales.

 

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