Eduardo Rothe

La pérdida de un hijo a manos del hampa es un golpe tan brutal y definitivo que no lo mitigan las palabras ni lo alivia el todopoderoso tiempo. El llanto alguna vez termina pero el dolor grita para siempre en el silencio. La muerte de un hijo es una tragedia que mata esperanzas y estremece convicciones: padres devotos maldicen a Dios por su inclemencia, padres descreídos le piden que reciba el alma de su hijo. Ninguna madre disculpará al Estado que no impidió esa muerte, su pena no entiende de estadística y en dolor supremo poco importa si mueren miles o uno sólo, si es el suyo. Por eso es tan insensato, cruel, vil e imperdonable, el uso que hacen algunos medios del dolor ajeno, la pornografía de su truculenta guerra psicológica y su estado de provocación permanente contra la República.

Los medios de la oposición venezolana coronaron la cumbre de su bajeza el 12 de Agosto de 2010,  con la  obscena fotografía de cadáveres amontonados que ocupó la primera página del diario “El Nacional” y con el maligno editorial de Globovisión urdido con perfidia para insultar la memoria del diputado Luís Tascón bajo el pretexto de “perdonarlo”.

Necrofilia y podredumbre

Esta obscena fauna cadavérica perfumada, este mundillo mediático enfermo de racismo y odio, compuesto por traficantes de calumnias y preciosas ridículas de falso testimonio, lleva diez años envenenando con su pornografía el aire que respiramos todos, absolutamente todos los venezolanos. No denuncian, calumnian. No investigan, acusan. No entrevistan, interpelan. No preguntan, ofenden. No analizan, banalizan. No difunden, infunden, No aclaran, declaran. Sitian la morgue, husmean los basureros, se deleitan con lo muerto y lo podrido; close-up del rostro de la madre dolorosa al pie del hijo crucificado, “Señora Maria ¿Lleva mucho tiempo esperando por el cuerpo de su hijo? ¿Cree que es cierto que ha bajado la criminalidad?”

Son la embajada plenipotenciaria de la infamia acreditada ante nosotros, son la contra-Venezuela al interior de Venezuela. Son los que ponen cara de inocencia y se escudan tras el periodismo del bien común mientras crean las condiciones para su revancha de golpe, masacre y dictadura, cometer en diez días los crímenes que la revolución no cometió en diez años.

Basta

¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia? ¿Hasta cuando abusaremos nosotros de la tolerancia?  Estos publicistas del odio son agentes y lacayos del Imperio que quiere a nuestros hijos, decía Andrés Eloy Blanco, “con Dios adentro y las tripas afueras”. Lo advertimos, y se lo advertimos, muchas veces, quienes siembran vientos obscuros no puede cosechar bellos amaneceres.

Llegó la hora. Cumplen la ley o cumplen el castigo. Justamente para garantizar la expresión del pensamiento y el derecho a la información, para renovar las garantías de la oposición y proteger la disidencia. Basta de medias tintas legales en la defensa de nuestros derechos individuales y colectivos.

La Revolución debe neutralizar para siempre aquello que pueda algún día destruir sus conquistas. En la Republica Bolivariana de Venezuela la democracia representativa clásica es anticonstitucional, el viejo “Contrato Social” burgués está fuera de lugar. La función del Estado bolivariano ya no es garantizar el equilibrio social estático de la explotación capitalista sino el desequilibrio dinámico de nuevas relaciones de clase y propiedad, en una sociedad democrática donde la conciencia y la voluntad política repriman toda dictadura mediática o financiera. No nos importe que la SIP se reúna ahora en Honduras al amparo del Lobo, como antes lo hacia por todos lados a la sombra del Cóndor; que Reporteros Sin VergüenCIA diga o no diga; que los Estados Unidos corra la suerte de la Unión Soviética porque su derecha monopoliza los medios, impone sus razones y gustos e impide toda retroalimentación. Venezuela es país libre de analfabetismo, ahora debe ser un país libre de pornografía mediática.

Eduardo Rothe

rotheeduardo@hotmail.com

Caracas, 16/08/10