Luis Vargas

por: Luis Vargas

Para que un objeto se convierta en mercancía debe intercambiarse. Si contiene valor de uso y valor de cambio, condición necesaria (conditio sine qua non) de toda mercancía, pero no se intercambia, esa condición permanece latente (in nuce), no se realiza, lo cual significa que tampoco se realiza su valor de cambio ni su valor de uso, ni, por supuesto, la parte del valor de cambio correspondiente a la plusvalía. Además, para que una mercancía contenga plusvalía, debe producirse en una fábrica capitalista típica, no en un taller artesanal ni en el hogar, porque los conceptos marxistas tienen o son de carácter histórico y social, es decir, se aplican a grandes producciones y en períodos de tiempo extensos y definidos. Dicho de otra manera, no se puede hablar de plusvalía en el feudalismo ni en el esclavismo y si se usa el término para el período de transición del feudalismo al capitalismo, se lo debe hacer cuidadosamente, porque la relación social de producción capitalista, que permite hablar a plenitud de plusvalía, no está todavía desarrollada por completo.
El presidente Chávez está estudiando a Marx intensamente y quizá no domine todavía las categorías marxistas, pero tiene una poderosa intuición y la virtud del eclecticismo, en el sentido de que no se ata a una sola visión de los fenómenos, sino que combina creativamente ideas provenientes de distintas escuelas de pensamiento, gracias a lo cual, ha establecido o descubierto los nexos entre bolivarianismo y socialismo, por ejemplo. De ahí que perciba como una inconsistencia el hecho de que las empresas socialistas o en transición al socialismo se comporten o administren tal cual como las empresas capitalistas, sin apartarse de los conceptos y los modos de operar capitalistas. Él se pregunta cómo ocurre que hablamos de empresas socialistas, pero éstas siguen vendiendo sus productos y buscando una ganancia y, por lo tanto, tratando de realizar una plusvalía. Es natural concluir que si todo se hace como en el capitalismo, entonces, no estamos construyendo el socialismo. Chávez está aplicando una idea que marca toda la producción intelectual de Marx: la búsqueda de la diferencia específica. Algo casi de Perogrullo: si no hay diferencia es lo mismo, si hay ganancia y plusvalía es capitalismo. Entonces, vamos a hacer las cosas de otro modo y así podremos decir que es socialismo. Pero, solemos estar tan atados a los conceptos capitalistas que no concebimos otros, ni nos imaginamos que las cosas puedan hacerse de otra manera, como quería el viejo Simón Rodríguez: “Lo nuevo debe ser distinto o hacerse de otra manera que lo viejo”. ¿Sería marxista el maestro de Bolívar?
Las propuestas originales del presidente Chávez constituyen un desafío a la creatividad revolucionaria. Vamos a imaginarnos cómo sería una empresa de producción social que no convierta sus productos en mercancías y, por lo tanto, no persiga la obtención de ganancias ni la realización de plusvalía. Con estricto apego al marxismo expuesto en las primeras páginas de “El capital, Crítica de la economía política”, la obra fundamental de Marx, basta con que la producción de la empresa se destine al uso para que los productos pierdan la condición de mercancías, porque lo que los hace mercancías es el hecho de que contienen valor de cambio y que, además, se producen para intercambiarse, no para usarse o consumirse, que es otra forma de decirlo. Entonces, podemos resumir diciendo que una empresa es socialista cuando produce para el uso o el consumo y no para el intercambio.
El escándalo surge cuando la mentalidad capitalista reacciona y pregunta cómo, entonces, se va a saber si la empresa es rentable, o sea, si genera ganancia. La respuesta es que eso no nos importa, porque nuestra finalidad es satisfacer necesidades sociales, no necesidades del mercado capitalista, que es algo muy, muy diferente. Pero, se va a necesitar también gerentes muy distintos para administrar las empresas socialistas o quizá otra consecuencia de los cambios revolucionarios sea que se prescinda de los gerentes o que se gerencie de otra manera, si es que se requiere de la función gerencial dentro del socialismo. Porque la gerencia puede ser colectiva, no individual. Y la finalidad de la empresa ya no estará confinada a las paredes de la fábrica, sino que quedará circunscrita al territorio de la comunidad donde opera la empresa o, si se trata de una grannacional, al territorio de los países que opten por el modelo económico socialista.
Los críticos de izquierda de la economía china actual se quejan de los bajos salarios que las empresas le pagan a la mano de obra china, pero, no se preguntan si los trabajadores chinos tienen garantizada por la revolución lo que pudiéramos llamar una “canasta básica”, que incluye alimentación, vestido, vivienda, educación, salud y recreación. Si es así, ¿para qué necesitan un salario elevado? La revolución china es admirable porque acabó con las hambrunas periódicas que sufría su población mayoritariamente campesina y por lo visto, eso sigue siendo así en China, es decir, no hay hambrunas, pues si las hubiese ya habrían salido los recalcitrantes anticomunistas a gritarlo a los cuatro vientos.
Si nosotros logramos satisfacer las necesidades sociales con las empresas de producción social, para qué convertir los productos en dinero antes de consumirlos, eso no tiene sentido. Antes bien, así avanzamos en otra de las finalidades del socialismo: suprimir el uso del dinero, lo que amenaza directamente a una de las sacrosantas manifestaciones del capitalismo actual: la especulación financiera. Casi de inmediato, la supresión del uso de dinero constituye un duro golpe a la inflación, porque sin circulante no hay precios, ni altos ni bajos. Y hay que imaginarse también la felicidad que trae valorar un producto por su calidad y no por lo que cuesta adquirirlo, cosa imposible en el capitalismo.

 

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