Es sin duda un primer movimiento de “proyección” hacia el exterior (similaral que Marx le imputará a Hegel cuando diga que proyecta hacia un reino divino ese Estado que nació del conflicto entre los hombres), pero que aún conserva la oscura conciencia de la violencia fundacional. Y es también la posibilidad de pen-sar lo político en relación a lo sagrado, por fuera de toda “racionalización” teoló- gica, de hacer una teoría materialista y política de lo sagrado, en la cual éste con-siste en un enigma sobre el cual deberá ser fundada la ecclesia, la “comunidad de los iguales” en su relación des-mimetizada.

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