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La expansión de locales para la venta de comida rápida en las principales localidades de Falcón, al occidente del país, supone una doble tarea para las autoridades: por un lado, garantizar que dichos locales respeten las normas de higiene y, por otro, auspiciar la educación y la cultura sobre los efectos del excesivo consumo de tales alimentos, que vaya más allá de la moda fitness, tan imperativa por estos tiempos

En lo que va de 2016, se han otorgado 127 autorizaciones sanitarias en Coro, capital de la región, y 63 en la ciudad de Punto Fijo, en la Península de Paraguaná, ambas zonas de gran auge poblacional, refiere la Dirección Regional de Contraloría Sanitaria, instancia perteneciente al Ministerio para la Salud, responsable de la vigilancia, verificación y control de las ventas de alimentos de este tipo.

“Hemos estado en todo el estado Falcón, estamos desde Tucacas hasta Paraguaná y pasando por Dabajuro. Tenemos una política de acción muy clara, todo lo relacionado a la inocuidad en la práctica de la venta de alimentos, porque debe la persona saber manipular alimentos, esto apegado a normas sanitarias nacionales e internacionales”, explicó el contralor sanitario de la entidad, Cruz Gutiérrez.

Y es que, pese al impacto de la guerra económica en la población, persiste en el patrón de alimentación de los habitantes de esta región el consumo de comida rápida, denominación dada a aquellos platos cuyo período de cocción es corto, de entre dos y 10 minutos, como salchichas, huevos hervidos y hamburguesas.

Gutiérrez, también especialista en Salud Pública, indicó que ha habido un importante incremento en las solicitudes de autorizaciones sanitarias para la venta ambulante de comida, que van directamente relacionadas a la demanda que tienen en el mercado estos productos.

La autorización sanitaria es la documentación legal que se otorga de manera temporal, por un período de tres meses, y que puede ser modificada o revocada, si, tras las inspecciones frecuentes determinadas para estos lugares, se reporta el cese de las condiciones de higiene y salubridad exigidas por las normativas sanitarias vigentes.

Esta autorización difiere del permiso sanitario, pues este último es otorgado a establecimientos tipo restaurantes, cafetines o luncherías, donde la cocción de los alimentos es por períodos prolongados, además de las condiciones de la infraestructura física.

El control sanitario impuesto a través del curso de manipulación de alimentos, la presentación del certificado de salud por parte del vendedor y la colocación de vacunas como la toxoide ha incido en la merma de enfermedades de transmisión alimentaria como la amebiasis, según explicó Gutierrez.

Sin embargo, más allá del cerco sanitario, se impone a las autoridades la necesidad de promover una cultura de consumo saludable que, de cara al futuro inmediato, ponga freno a la multiplicación de enfermedades de carácter metabólico como la diábetes y la hipertensión arterial.

Consumo habitual

Juan Manaure y Carolina Sánchez son asiduos consumidores de comida rápida en los locales ubicados en Maravén, en Punto Fijo.

La pareja de esposos aseveró que, pese a la coyuntura económica, la preferencia por consumir alimentos fuera de casa es un hábito cultural en los falconianos.

“Quizás no salgan todos los fines de semana o en la semana con la misma frecuencia de hace un año, pero si hay gente en la calle comiendo. Aquí después de las 10:00 de la noche es difícil conseguir una mesita para comer, cuando es fin de semana. A nosotros nos gusta comer en la calle y hacemos un esfuerzos por darnos este gusto”, señaló Manaure.

Para Wilmer Petit, dueño de un reconocido kiosko de comida en Coro, el movimiento de clientes durante la semana ha descendido, pero los fines de semana se ha mantenido.

“La gente sí prefiere comerse un perro caliente o una hamburguesa antes que prepararla en casa, lo que antes quizás no sucedía. Aquí hay clientes que lo que no gastan en la semana me lo dejan el fin de semana, los kioskos estamos más organizados con las normas de higiene y eso ha dado también más confianza a la hora de comer”, acotó.

En ese sentido, el Contralor señaló que la vigilancia sanitaria ha sido tan productiva que han alcanzado que vendedores ambulantes de zonas como cayo Los Juanes, Sal, Muerto, en el Parque Nacional Morrocoy, al oriente del estado, obtengan su autorización sanitaria para permitir la venta de productos en pleno mar.

Por disposiciones legales, las autorizaciones sanitarias expedidas por MinSalud a través de la Contraloría Sanitaria deben estar en un lugar visible, junto al certificado de salud.

Alerta nutricional

La lectura pública ante este escenario puede tener varias vertientes, entre ellas la disposición de los falconianos para comer fuera de casa, aún con las limitaciones derivadas de la guerra económica, pero también una inocente alarma en cuanto a la calidad de los alimentos que se consumen en esta región.

Para la jefa regional del departamento de Nutrición del Ministerio del Poder Popular para la Salud, Cruz Morán, es responsabilidad del Estado alertar e informar sobre los efectos dañinos en la salud del incremento en el consumo de comida rápida, pero finalmente es decisión de los habitantes la selección de estos productos.

Morán puntualizó la necesidad de que los falconianos instauren una cultura de alimentación más saludable vinculada a la ingesta de verduras y frutas.

Por otra parte, refirió la incidencia de virus diarreicos, sobre todo en la población infantil, que han sido reportados en la red ambulatoria regional y que tienen que ver con parásitos alimenticios como los oxiuros, transferidos en la manipulación de líquidos y alimentos.

“Aparte de eso están los índices de sobrepeso y obesidad en la población adolescente, que es a quien mayormente le llama la atención de este tipo de alimentos, y luego terminan en diabetes e hipertensión, que a la larga surgen de estos hábitos”, citó.

La nutricionista atribuyó a la rapidez de la preparación y a la modernidad el auge de estos espacios, en los que según su opinión se va un alto presupuesto familiar.

“Contrario a lo que se piensa, es más costoso comer en la calle que en la casa, por lo que es contradictorio que (…)  la gente siga prefiriendo comer en la calle que en la casa, esto sin mencionar el valor nutricional de lo que está comiendo”, dijo.

La tarea frente a este escenario es compartida entre el Estado, que debe garantizar la rigurosidad en el cumplimiento de los parámetros sanitarios de estos lugares y educar sobre la nocividad del consumo indiscriminado de estos alimentos, y el pueblo falconiano, que debe crear conciencia sobre la periodicidad con la cual selecciona estos productos.

 

 
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