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La mayoría de los historiadores patrios, Felipe Larrazábal, Rufino Blanco Fombona, entre otros, reconocen que el carácter de Guerra a Muerte asumido por la contienda emancipadora venezolana, se desarrolló con propiedad en 1814

El resultado de la Batalla de La Victoria, celebrada un día como hoy hace 200 años, permitió prolongar la existencia de la Segunda República, surgida de la Campaña Admirable que dirigió Simón Bolívar y de la Campaña de Oriente, comandada por Santiago Mariño.

La mayoría de los historiadores patrios, José Gil Fortoul, Felipe Larrazábal, Vicente Lecuna y Rufino Blanco Fombona, entre otros, reconocen que el carácter de Guerra a Muerte asumido por la contienda emancipadora venezolana, no se desarrolló con propiedad durante el año en que Simón Bolívar dictó su célebre decreto de Trujillo, en medio de la Campaña Admirable, sino en 1814.

Para finales de enero de aquel año, el Libertador confiaba en someter la rebelión llanera, que se había nucleado en torno a la figura del asturiano José Tomás Boves, cuyo cuartel general era la ciudad de Calabozo. Así, Bolívar escribe al Congreso de Nueva Granada: “Las continuas sublevaciones del Llano, el partido que allí tiene Boves me hicieron pensar que el golpe que debía descargarse sobre los desorganizadores ha de ser extraordinario, ha de asegurar para siempre un país que nos alimenta y que sin una pronta pacificación será perdido irremediablemente”.

Y justamente, los términos en que se dio la Batalla de La Victoria, que enfrentó a 1.400 soldados independentistas -entre los cuales descollaban varios centenares de jóvenes universitarios y seminaristas de Caracas-, comandados por el General José Félix Ribas, y cerca de 4 mil llaneros seguidores de José Tomás Boves y dirigidos por Francisco Tomás Morales, son expresión elocuente de la aniquilación del adversario que para entonces aplicaban uno y otro bando. No se dieron cuartel una y otra fuerza.

La movilización hacia Caracas, de las tropas independientes que custodiaban el Puerto de la Guaira -unos 800 hombres curtidos en combate-, dispuesta por Ribas días antes del combate en La Victoria, perseguía reunirlas con las tropas colecticias que organizaba en la capital de la República. De ese modo, buscaba congregar una fuerza suficiente como para detener el avance de Boves y Morales, quienes se habían puesto al frente de la insurrección del peonaje llanero en contra de los amos de tierras y esclavos.

Hay allí un aspecto que debe ser examinado con detenimiento, y que encierra la clave para la comprensión de un fenómeno singular del período. Mientras los ejércitos al mando de Bolívar, Ribas, Mariño, Arismendi y Campo Elías, proclamando la Independencia de la Patria apenas lograban reclutar varios centenares de soldados en el curso de muchos meses, Boves engrosaba sus destacamentos con miles de voluntarios guariqueños, apureños, aragueños y mirandinos.

LA DOBLE TENAZA

¿Cuál es el contexto militar y territorial en que se da la acción de La Victoria? De una parte, Bolívar, concibiendo una estrategia de “tenaza” sobre las fuerzas realistas del llano. Como afirma  Lecuna, desde principios de enero de 1814, Bolívar continuamente instaba al general Mariño, para que empeñase sus acciones contra los realistas por la entrada oriental del Guárico, vía de Santa María de Ipire hacia Calabozo. Al mismo tiempo, desde el centro, organizaba a las fuerzas patriotas, al mando de Campo Elías, para atacar a Boves por el camino de San Juan de los Morros.

La débil coordinación de las operaciones dio al traste con un brillante plan de operaciones, y Campo Elías fue derrotado el 3 de febrero en La Puerta, a escasos kilómetros de San Juan de los Morros.

Boves por su parte, luego de su triunfo del 3 de febrero, establecido en Villa de Cura también piensa en una estrategia de tenaza contra la capital de la República. De este modo, mientras ordena a Rosete arreciar operaciones por el Tuy con miras al control de los accesos a  Caracas, envía a Morales con cerca de 4 mil hombres para tomar la Victoria, cortando la retaguardia de la capital.

Ya el día 3 de febrero, el Libertador emite desde Valencia una proclama donde llama a los venezolanos a resguardar la retaguardia de la Capital: “Armáos en el instante, Pueblos todos…corred a presentaros a La Victoria y Valencia, inflamados de ese valor sublime que os dio el imperio de Venezuela”

La estrategia de Boves se ve frustrada en lo inmediato con la batalla de la Victoria. Y los resultados de dicho encuentro se debieron en gran medida a la entereza de carácter de  Ribas, cuyo ascendiente sobre la población caraqueña haría posible que se sumaran al ejército patriota varios centenares de jóvenes voluntarios que no habían respondido a los bandos de Juan Bautista Arismendi,  Jefe Militar de la Capital.

LA BATALLA DE LA VICTORIA

En la edición número 40 de la Gaceta de Caracas, se  presentan estos hechos de la siguiente manera “Gracias a su influjo [el de J F Ribas], en los dos días siguientes logró organizar una división de 800 hombres entre veteranos, milicianos y seminaristas. Con estas fuerzas, las Guarniciones de la Guaira y de algunos pueblos, llamadas apresuradamente, y de una batería de cinco piezas ligeras, partió Ribas hacia la Victoria, capital de los Valles de Aragua”.

Este y otros testimonio confirman que efectivamente hubo muchos adolescentes entre las tropas que en la Victoria dieron el frente a los varios miles jefaturados por Morales en La Victoria.

Pocos días después de la memorable acción de la Victoria, La Gaceta de Caracas publica, además del parte oficial de la batalla, un relato de lo acontecido que merece ser recordado:

“Mil republicanos  rodeados por un ejército de tres mil cuatrocientos hombres combaten durante doce horas consecutivas; y a pesar de la superioridad del número, y de la obstinación de los enemigos, que querían romper nuestra línea, por entregarse a los excesos de la rapiña, el estupro y el saqueo, que es horrible táctica que ha enseñado el feroz español Boves a su tropa, ellos por fin son arrollados”.

Ciertamente, tras ocho horas de ininterrumpidas cargas de la caballería de Morales, Ribas, con la mitad de sus tropas fuera de combate, es informado que una nube de polvo se levanta hacia el camino de San Mateo. Era Campo Elías enviado por Bolívar desde Valencia, con 120 infantes y 100 efectivos de caballería. Este jefe ideó, al acercarse a la Victoria que se amarrasen a la cola de los caballos, varios cueros secos de ganado, para que el galope hiciesen figurar a los realistas que de Valencia venía una gruesa fuerza de caballería. Ese ardid les permitió acercarse a la plaza, en la cual Ribas logró sincronizar el momento preciso para ordenar la salida de la plaza de 150 soldados al mando de Mariano Montilla, quienes se encontraron con la fuerza auxiliar y dieron cara al enemigo, causando tal grado de sorpresa en los destacamentos realistas que les hizo desbandarse.

EL PARTE

“A las siete de la mañana me dio parte la descubierta, que el enemigo con todas sus fuerzas de infantería y caballería se aproximaba a esta villa ; efectivamente a las 8 nuestra avanzada rompió el fuego; y  a las 8 y media se había ya empeñado la acción con todas las tropas…con su numerosísima caballería [los enemigos] me cerraron  por todas partes; y en aquel momento decidí primero que aparecieran primero todas las tropas que estaban a mi mando, que abandonar la plaza. Efectivamente continuó de ambas partes un fuego horroroso, pero bien sostenido hasta las 4 y media de la tarde, que no quedándome ya la mitad de mis tropas, y muerta o herida la mayor parte de la oficialidad, vi levantar un humo por el camino de San mateo; y luego debí creer sería el Comandante Campo Elías que con su fuerza había llegado. Entonces hice salir 100 hombres de caballería y 50 cazadores, que rompiendo la línea enemiga protegieron la entrada de las tropas auxiliares, y que de no, volviesen a replegar sobre mi línea. Afortunadamente, esta división encontró empeñada la acción de las tropas enemigas con el General campo Elías, pero atacando aquellas hubo de facilitar la entrada de aquel valiente Jefe (… )y a las 5 y media de la tarde éste (el enemigo) huyó precipitadamente por todas partes.

No hemos hecho prisioneros porque nuestra tropa no ha dado cuartel. Por nuestra parte hemos perdido como cien hombres y cerca de 400 heridos (…) Boves en persona mandaba la acción, a quien se han cogido todos sus libros de órdenes.

Cuartel General de La Victoria, 13 de febrero de 1814, José Félix Ribas

Fuente: Correo del Orinoco

 

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