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El sistema Ronca agrupa a unas 300 empresas, que si se desmenuzan bien pueden ser 500. En buena parte de ellas los números están en rojo y la mitad tiene una altísima dependencia de los dólares, señala el comisionado presidencial
La oficina del economista Juan Arias se encuentra en el edificio Ambos Mundos, en el corazoncito de la vieja Caracas. Arias es la cabeza de unas 300 empresas ocupadas, recuperadas, nacionalizadas o creadas por el Estado venezolano, agrupadas en el Sistema Presidencial de Empresas Recuperadas, Ocupadas, Nacionalizadas, Creadas y Aliadas (Ronca). El nombre Ambos Mundos que identifica el sitio donde este comisionado presidencial guarda algunos papeles y anota en un pizarrón no podría ejemplificar mejor el reto que afronta: lograr compaginar lo mejor de las propuestas económicas de ambos mundos (el capitalista y el socialista) para que esas compañías sean eficientes y produzcan.

Oficialmente son unas 300 empresas, explica el economista al Correo del Orinoco. También se han sumado unas seis empresas privadas -a las que califica como aliadas- que quieren colaborar. Esto representa menos del 1% del parque empresarial venezolano.

Pero la cifra de 300 no refleja totalmente la realidad (y por eso prefiere hablar de 500), porque algunas de ellas son corporaciones formadas por muchas otras. Esto implica un primer problema, que Arias admite sin tapujos: “Tenemos estructuras que no fomentan la competitividad o la eficiencia administrativa”, porque en cada unidad que forma parte de las corporaciones, por ejemplo, es imposible saber si se produce a pérdida. ¿La razón? No tienen administración propia. Y así, mucho menos pueden resolver las cosas cotidianas. Según sus cálculos hay unas 10 corporaciones que tienen esta administración centralizada.

Sin embargo, Arias recalca que no todas las empresas de este sistema estatal generan pérdidas. De las 300 “la mayoría está produciendo en condiciones de baja rentabilidad”, indica. Y un 10% -unas 30 empresas- produce con rentabilidad más o menos alta.

Cita, con particular énfasis, el caso de Venvidrio, que cubre su nómina, ayuda a otras empresas, exporta y garantiza la innovación tecnológica. También menciona a Sanitarios Maracay, “una empresa pequeña que se ha ganado mis respetos, mi admiración” porque ha logrado reducir a 12% el componente importado de materia prima.
ENTRE AZUL Y ROJO

“Hay un mito de que lo nuestro es malo”, deplora, “y quienes han creado ese mito son, precisamente, las personas cercanas a la importación; son los importadores los que han generado ese mito”. Esto, obviamente, incide en el sistema Ronca.
-Usted dice que las empresas están productivas, pero la gente piensa que no es así.

-Un 30% tiene una productividad, digamos, aceptable. Algunas son muy buenas; otras por lo menos no producen pérdidas.

Pero no duda en afirmar que la gran mayoría “sí está en rojo”, y se refiere a las del sector alimentación. “Hemos tenido un montón de empresas a las que no les llegan las semillas a tiempo, los fertilizantes a tiempo”, describe, y como “la naturaleza es quien gobierna el sector agrícola y pecuario” las cosas no coinciden.

“Quienes se están beneficiando de estas ineficiencias nuestras son los importadores; las ineficiencias nuestras le tributan a los importadores”, critica, y resalta que se debe hacer “lo suficiente para romper ese maleficio y que las cosas lleguen a tiempo, lleguen oportunamente y en cantidades suficientes”.

Lo otro, manifiesta, “es que tenemos una política de precios que yo creo que es equivocada, porque tratando de ayudar el pueblo les ponemos unos precios a las cosas que no representan los costos, y entonces los productores prefieren no producir a pérdida”. La política de precios afecta no solo al sector agrícola, sino también al industrial. “Si casi no hay producción agrícola, entonces la agroindustria se encuentra con que no hay insumos” y a veces “las plantas se paralizan porque no tienen suficientes insumos”.

Por otra parte, añade, “también que hay problemas con los dólares”, y como hay procesos productivos que necesitan componentes importados “hay cantidad de industrias sufriendo por eso”. De acuerdo con su evaluación, “hay un tejido industrial que se montó pensando en Puerto Cabello”, y esas son las empresas “que están pasando las de Caín, las que están peor”.
-¿Que están en ese 70%, que están en rojo?

-Sí, exacto, las que están peor de todo ese 70% son las que tienen una alta dependencia con las importaciones. Te estoy hablando de empresas como Invepal, por ejemplo, que requiere pulpa de papel y aquí no se produce pulpa de papel por ahora.

Otra empresa es Venenvase, “que depende 100% de una materia prima importada, un cartón laminado con una cera” que no se fabrica en el país. Arias lanza su cuestionamiento al estado de la industria petroquímica criolla, que -según advierte- “tiene un rezago tremendo y no produce la sustancia que se requiere para hacer este tipo de materiales”. Ello implica que para envasar los jugos de Lácteos Los Andes, por ejemplo, no hay materia prima, ya que la empresa Venenvase está hecha para trabajar con el insumo importado. “Hay dependencia total de la importación”, explica.
-¿Cuántas de las 300 tienen esa dependencia?

-Una fuerte dependencia de los dólares, o por lo menos de insumos importados, probablemente alrededor de la mitad. Entonces, ¿qué se impone? Tenemos que revisar fuertemente el modelo industrial que tenemos. Tenemos que ir hacia un proceso de sustitución selectiva de importaciones, y tenemos que hacer la conversión industrial.

Más de la mitad de las empresas del Ronca requieren esa reingeniería, calcula Arias. Reingeniería que incluye no solo fabricar en Venezuela la materia prima, sino también las piezas y partes. “Venezuela tiene ingenieros muy buenos, pero tiene mejores ingeniosos, un montón de gente ingeniosa” que ha encontrado soluciones, reivindica.
NO HAY QUE DEVOLVERLAS
-¿Habría que devolver las empresas a sus antiguos dueños?

-Para nada.
-¿Ninguna?

-Yo creo que no. No, y te agradezco que me hagas las pregunta…
-¿Aunque estén inactivas? ¿Aunque estén paradas? ¿Ni así las devolvería?

-Jamás podemos devolverle una empresa, por ejemplo, a un narcotraficante, eso yo no lo justifico de ningún modo. O a alguien que ha hecho crímenes contra la nación; por ejemplo, que te han pedido créditos y se los han robado. Esos malandros de cuello blanco no pueden tener perdón. Están expropiadas y esas empresas no son de ellos, esas empresas son del pueblo venezolano.

Arias ya tiene claro el monto que se precisaría para poner a producir al 100% este sistema de empresas. Prefiere no decirlo públicamente, porque es un número que manejan él y el Presidente de la República. Sin embargo, reitera que el problema, más que de dinero, es de enfoque y articulación entre las empresas, porque hay una gran desarticulación.

El economista también se ha encontrado con otra falla: El Estado no le compra al Estado. Hay que “fortalecer, profundizar y fortalecer las compras integradas del Estado y de las empresas del Estado”.

En esta dirección, relata, “ya hicimos la primera mesa de negociación de compras y ventas de una empresa líder, que es Cantv”. También invitaron a Corpoelec y a Pdvsa a una iniciativa similar. “Queremos que las grandes empresas públicas estén a la vanguardia de un proceso de arrastre y reimpulso productivo”, enfatiza.

En el caso de la Cantv “hay un montón de importaciones que venía haciendo y que ya no puede hacer, porque no hay dólares”, sostiene. De esa mesa de negociación surgieron unos 37 acuerdos que involucran a 22 empresas. “Todas las empresas salieron con algo en la mano”, destaca, y ahora “estamos resolviendo los detalles”. También se rubricaron acuerdos de innovación tecnológica.

“¿De qué estoy hablando?”, expresa. “Estoy hablando de que el proceso de sustitución de importaciones no se decreta, se trabaja y en cosas puntuales, y sobre todo así: poniendo los caballos delante de la carreta”.
-¿Dónde está la tranca para eso?

-Yo creo que, por un lado, está el hecho de que las empresas que pueden hacer el arrastre deben hacer las ofertas, y ofertas que sean realmente atractivas para que el innovador se sienta estimulado. Lo otro es la coherencia institucional que acompaña eso, porque no puede ser que un ministerio justifique la importación del producto que se está tratando de sustituir. Si algo ha existido en Venezuela es una incoherencia institucional de toda la vida, porque no es que eso es de ahorita, no, no. Con gobiernos adecos y copeyanos un ministerio marchaba por un lado y el otro por el otro. La política de sustitución de importaciones tiene que ser una política de Estado, no porque lo diga el Presidente: es porque todo el mundo está alineado con ella, coherentemente.
GERENCIA SOCIALISTA

La gerencia de esas empresas Ronca debe ser socialista y cumplir con el punto y el círculo que solicitó el comandante Hugo Chávez, precisa Arias.
-¿Estas empresas están bien gerenciadas? ¿Producen?

-Mira, no puede haber una buena gestión en una empresa en la que si necesitas comprar un tornillo tienes que esperar una semana para que la persona que debe traer el tornillo lo haga; entonces se para la producción por una semana porque quien debe comprar el tornillo no soy yo, es el administrador que está a unos cuantos kilómetros.
-¿Dónde está el problema entonces?

-Bueno, hay un problema de modelos de gestión y de administración en muchas de estas empresas.
-¿Cómo cambiarlos?

-Hay algunas decisiones que tienen que ser ejecutivas, del Presidente.

Trae a colación el caso de Invepal, empresa que produce poco y depende de la pulpa importada. Pero Arias avizora que -luego de un proceso de modernización de unos dos o tres años que ameritaría una inversión de 400 millones de dólares- puede convertirse en “una gran empresa productora de papel, que satisfaga la demanda nacional y que incluso exporte”.
¿NUEVAS EXPROPIACIONES?

Arias aclara que no hay un plan para continuar las expropiaciones de empresas, mas advierte que si un empresario cierra la suya para sabotear “el orden jurídico se impondrá, y el orden jurídico establece las posibilidades de ocupación para empresarios que estén al margen de la ley”.

Tampoco comparte la idea de que la escasez se deba a las empresas recuperadas que no trabajan al 100%. Por el contrario, subraya, “muchas de nuestras empresas han doblado y triplicado, e incluso quintuplicado la producción”.

Un ejemplo, alega, es el de industrias Diana: “Nadie puede acusar a Diana de que no ha sido eficiente en cuanto a responder a la guerra económica. Lácteos Los Andes también ha incrementado su producción, pero no ha podido incrementar más por las políticas de precios, y yo creo que debemos hacer ajustes. La política de precios no estimula el arrime de leche, y eso ocurre en muchos productos”.
-¿De qué dependen esos ajustes de precios que puedan estimular la producción?

-De una decisión política. Es una decisión política que tiene que tomarla el Presidente.
-¿Qué es lo que se quiere con este sistema de empresas? ¿Que se puedan sostener?

-Sí, necesitamos que las empresas sean sustentables. La sustentabilidad exige necesariamente unos precios, unas políticas de precios que nos permita cubrir los costos. Creo que tenemos que aplicar la Ley de Precios Justos; es decir, permitirles a las empresas que produzcan y que sencillamente pongan un beneficio, un margen de beneficios a sus productos dependiendo de dos cosas: de sus costos y de la realidad del mercado.
T/ Vanessa Davies
F/ Luis Franco
Juan-Arias

 

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